sábado, 12 de mayo de 2007

El impostor



Lo primero que hizo David al entrar en el edificio donde vivía fue ir
directamente hacia el buzón. Estaba abriéndolo cuando escuchó una voz que le preguntaba si subía. Comprobó que el vecino del segundo segunda le estaba esperando con la puerta del ascensor abierta. Retiró apresuradamente la correspondencia mientras respondía que sí. Ya dentro intentó recordar el nombre del atento vecino, pero se dio cuenta que, pese a llevar casi tres años viviendo en aquella finca, no lo sabía. Tuvo que limitarse a un “Muchas gracias” que le sonó absolutamente impersonal. El inicio de una reflexión sobre el poco conocimiento que se tiene de las personas que nos rodean se
vio interrumpido por la parada del ascensor. “Buenas noches”, se despidió del vecino sin lograr que la memoria revelase el rebelde nombre.
Ya en su piso, dejó la correspondencia sobre la mesa del pequeño estudio y comprobó si había mensajes en el contestador. El particular parpadeo de la luz del aparato, un constante guiño de una sola repetición, le indicó que una llamada lo esperaba. La voz de Rosa, única esperanza a sus anhelos de relación femenina, anulaba la cita que para aquella noche tenían excusándose en un ataque de feminidad agudo. “Siempre lo mismo”, dijo en voz alta, “cada
vez que creo tener una a punto, al final se cortan. Como siga así”, continuó hablando para si mismo, “tendré el mejor bíceps derecho de toda la ciudad.”
Después de cenar recordó el correo que le esperaba sobre la mesa. Inicio el repaso de recibos y extractos bancarios, “que otra cosa puedo recibir yo” murmuraba mientras tanto, de pie. Pero al encontrar de repente un sobre de color ceniza pálido, grueso y pesado, dirigido al vecino del segundo segunda, se sentó. Juan, eso era, Juan Marcet. Escrito en tinta azul a mano, el error de un desconocido cartero le trajo de regreso el nombre fugitivo
del ascensor. “Que casualidad”, se dijo, “mañana lo dejo en su buzón”
Diez días más tarde del primer encuentro volvió a coincidir con el vecino. Esta vez fue él quien esperó, y con un “¿Subes, Juan?” invitó al vecino a acompañarle en el trayecto. Con la sonrisa obsequio a su amabilidad llegó el recuerdo del sobre aun sin entregar. La duda de confesar su descuido o callar se resolvió de nuevo con un “Buenas noches” al llegar a la segunda planta. En el trayecto del segundo al cuarto se prometió como primera tarea al entrar en casa, antes incluso de comprobar el contestador, devolver la carta a su lugar de destino. Sin ni tan solo quitarse la chaqueta se dirigió directo al estudio. Tomó el sobre en sus manos y otra vez le llamó la
atención el excepcional grosor y peso del mismo. “¿Qué debe haber?”, se preguntó. Le dio la vuelta pretendiendo información en el remite pero únicamente pudo leer “Escorpio 69”. En menos de 10 segundos su imaginación se humedeció y voló sin freno.
Con el sobre en las manos se dijo que, ya puestos, tampoco pasaba nada si lo abría, satisfacía su curiosidad, lo cerraba y lo depositaba donde debería haber ido por primera vez.
Tal como había visto en alguna película de espías, puso agua a calentar en una olla. Cuando ésta ya hervía, empezó a pasar el sobre entre el vapor que el recipiente emanaba. Era tal su excitación, era tanta la seguridad de hallar algo distinto, diferente, anormal dentro del sobre, que en una de las pasadas éste se escurrió de sus dedos para ir a parar directamente al agua hirviendo. “¡Mierda!”, exclamó al quemarse la mano intentando sacar la carta de dentro de la olla, “¡ahora si que la he hecho buena!”. Tan rápido como su lastimada mano le permitió, vació la olla en el fregadero. Sin dudarlo ni un
instante, abrió el sobre de cualquier modo intentando salvar lo que había en su interior.
De la extensa carta, más de siete folios por las dos caras, prácticamente
no se había salvado nada. Toda la tinta se presentaba corrida, las hojas empapadas, algunas rotas al separarlas. Al estar las hojas dobladas en tercios, el primer y el último párrafo, los que quedaban más al interior, eran los menos dañados. También una fotografía de una chica morena, muy atractiva, que posaba sonriente en bikini como sabiendo el mojado destino de la instantánea, había resistido al inquisidor. Secó todo lo que pudo el papel y empezó a leer lo poco que no recibió hirviente bautismo.
“Apreciado Juan:” empezaba una letra redonda con exagerado punto sobre la
“i”
“Tu última carta me ha colmado de felicidad. Todavía me cuesta creer que haya funcionado la idea de poner un anuncio en prensa. No podía imaginar encontrar a alguien como tú. Si en la primera carta ya noté que eres especial, después de esta segunda estoy absolutamente convencida de haber hallado a la persona tan largamente deseada. Me ha impresionado la concepción que sobre el amor y la muerte tienes. También yo pienso que el amor verdadero es la única vía de salvación del alma, y la idea que propones
me parece excelente para demostrarnos el amor eterno. Por eso en esta carta abriré mi corazón y mi vida a tus ojos, deseo que me conozcas como nunca…”
Y aquí resultaba ya imposible continuar la lectura. Algunas frases podían medio adivinarse, pero totalmente aisladas del contexto. David intentó continuar leyendo mientras la envidia y el deseo iban tejiendo sutiles ramas en su espíritu. “Es cojunudo”, pensó, “mientras unos ligan con desconocidas hasta por carta, yo no me como ni un rosco.”
El final del escrito no dejaba lugar a la duda de los propósitos de aquella mujer.
“…hasta hoy. Espero impaciente tu llamada. Sabes de mí lo que nadie nunca ha sabido, y creo estar totalmente preparada para, tal y como tú dices, unirme a ti para siempre.”
A continuación firmaba Olga, y concluía el escrito un número de teléfono de su misma ciudad.
David dejó el aun húmedo papel y retomó la fotografía. La chica le pareció todavía más atractiva. Comprobó que la excitación se manifestaba en su masculinidad con una dureza y un vigor que no recordaba haber experimentado nunca. Se dio cuenta que no estaba en disposición de decidir que hacer.
Había estropeado mas de la mitad de la carta y, además, el sobre
absolutamente inservible. Aunque también podía utilizar un nuevo sobre e imitar la letra; nadie sabría jamás que él había estado manipulando la correspondencia del vecino. Con este pensamiento rondando su inquietud, se acostó.
Aquella noche soñó con la chica de la fotografía. Soñó que le miraba,
tumbada en una cama, desnuda, con la boca entreabierta, mojándose los labios con una lengua roja de provocación. Soñó que le susurraba, cimbreando su cintura, “ven, ven, únete a mí; ven, ven, estoy preparada.” Soñó que en silla contigua a la cama Juan Marcet, sentado y sonriente, le invitaba a gozar de su amante. Se despertó a las cinco de la mañana empapado en sudor y deseo, terriblemente excitado y deseando tener junto a él a la desconocida amante. Se levantó para buscar la foto de la chica, agua que habría de colmar su sed. El resto de la madrugada la pasó releyendo una y otra vez
aquella declaración de aceptación tan excepcional, intercalando entre
lectura y lectura largas contemplaciones a la foto que tanta inquietud le causaba.
Fue entonces cuando pasó por su cabeza la idea de suplantar al vecino y aprovechar el trabajo por él hecho. “Al fin y al cabo”, pensó, “seguro que debe tener más amigas epistolares, y yo no hay manera de que consiga una cita.”
Esa misma noche llamó a Olga, la desconocida y deseada mujer que no había dejado de sonreírle ni un solo momento desde la fotografía de su deseo.
Excusándose en una fingida timidez, David habló lo justo para concretar la cita. La voz, dulce y armoniosa, insistió en saber si debía cocinar la receta que él le había indicado en la última carta, a lo que el impostor no pudo responder mas que un evidente “por supuesto!”
Durante la cena él se abstuvo de expresar demasiadas opiniones,
desconocedor como era de las preferencias, gustos y hábitos de su vecino. De hecho la conversación fue más bien escasa, ensimismado como estaba disfrutando mentalmente del postre tan deseado. La chica era realmente atractiva, y David no podía creer que realmente estuviese funcionando su treta. Una pregunta de Olga lo sacó de su abstracción:
-¿Te gusta como he preparado la receta que me diste por correo? ¿Verdad que no ha quedado nada amargo?
-Para ser sincero, he de decir que nunca la había probado tan bien cocinada.
-¿Qué quiere decir que nunca la habías probado tan bien cocinada? ¡Pensaba que era la primera vez que hacías esto!
David dio, una vez más, la cita por perdida. No sabía que responder. No sabía cual era el juego entre su vecino y aquella maravillosa mujer.
Ignoraba anhelos, promesas, esperanzas; desconocía argumentos y tretas.
Lamentando mentalmente haber perdido la oportunidad de poseer a una mujer tan bonita, tan atractiva, miró fijamente a Olga. La miró con todo el deseo contenido durante meses asomándose a sus pupilas, recorrió sus labios quemando cada pliegue de su piel con sus ojos, siguió el contorno de su cuello hasta los hombros con los dedos de su mirada, desnudó de ropa a la chica con ojos suplicantes. Ella sintió la adulación de aquel deseo febril lamiendo su piel y su alma, taladrando sin compasión sus ojos, llegando donde nunca antes había llegado ninguna otra mirada. Fue ella quién rompió el momento al decir:
-Será mejor que nos demos prisa, me muero de ganas de que me hagas tuya.
A continuación se levantó de la silla, cogió a David de la mano y lo condujo por un estrecho corto pasillo hasta dejarlo tumbado, con un dulce beso, en la cama. Le rogó que se desnudase mientras ella iba cerrar con llave la puerta de la calle.
Él, obediente y ya desnudo, no entendía que fuese necesario tanto tiempo para cerrar una puerta con llave, aunque imaginaba que detrás de ese hecho se escondía una excusa de aseo y coquetería. Pensó que Olga, de algún modo, era un poco rara. ¡Pero estaba tan buena! Suerte de la foto de la carta, se dijo, si no sus amigos jamás creerían que él hubiese conquistado semejante hembra. Evidentemente obviaría ciertos detalles de cómo llegó a conocerla,
pero siempre se le había dado bien inventar historias. Mientras gozaba por segunda vez lo que aún no había logrado por vez primera, percibió una suave y relajante música. Persiguiendo a la música, llegó Olga. Por toda ropa, un transparente paño atado a su cintura y un manojo de cuerdas envolviendo sus pechos, abrazándolos por su base, elevándolos más aún, oprimiéndolos y endureciéndolos con la presión de las ataduras. Colgando del cuello, de un cordoncillo, llevaba una llave y unas pequeñas tijeras. Cogió las tijeras y
empezó a acariciar sus pechos con ellas, mirándole fijamente a los ojos. Se acercó a la cama y rodeó la cintura de David con sus muslos. Lentamente liberó las tijeras y la llave del cordón, sin dejar de buscar rastros de duda en la asustada mirada de David. Tomó la llave ente el índice y el pulgar de su diestra y con un armonioso movimiento de caderas la introdujo, ante el asombro de David, en el interior de su vagina sin soltarla ni un momento. Lentamente la fue sacando, a escasos centímetros de los labios de su amante, de nuevo al exterior. Sin dejar de mirarle a los ojos, acercó dedos y llave a la boca de David.
-Chúpala.
David, obediente, recorrió los dedos de la joven lentamente, jugando con ellos,. Ella iba introduciendo cada vez más adentro en la boca de David dedos y llave. En un momento retiró la mano dejando la llave en el interior y le cubrió los labios con ambas manos.
-Trágatela.
Él no reaccionaba. De repente empezó a sentir miedo. Ella seguía insistiendo cada vez con más presión.
-¡Trágatela, trágatela!
Convencido que si no se tragaba la llave la chica lo ahogaría, consiguió, tras un par de dolorosos intentos, que el áspero metal se deslizara por su laringe. Olga premió el esfuerzo con un largo y apasionado beso, logrando que parte de los miedos de David se desvanecieran. Siguió besándolo, pecho abajo, lamiendo su cintura, mordisqueando su ombligo y su pelvis, acariciando su pene mil veces mejor de lo que jamás hubiese podido imaginar.
De repente, agarrando la dureza de su deseo con una mano, cogió las tijeras con la otra y dijo:

-Quiero estar segura que nada nos impedirá unirnos para siempre. La única llave que puede abrir la puerta está en tu interior. Del teléfono me encargo yo.
Se estiró un poco y sin ni tan solo pensarlo, cortó el hilo del aparato.
Volvió a sentase sobre David y le pidió que la hiciese suya. Ella misma, con urgencia, casi con desesperación, tomo su pene y lo introdujo de una sola vez dentro de sus ardientes humedades. Lo montó con fuerza, rabiosamente, parándose cada vez que a David estaba a punto de sobrevenirle un orgasmo.
Él, absolutamente excitado, arrancó con fuerza el pañuelo que aún permanecía en la cintura de la amazona y cogiendo con una mano el nudo que unía las cuerdas en su espalda y con la otra su pelo, le aplastó la cara contra la almohada.
-¿Quieres que te haga mía, verdad? ¿Quieres que te haga mía? ¡Ahora sabrás lo que es sentirse poseída!
Totalmente fuera de sí la penetró de repente, brutalmente, por detrás. Con cada grito de Olga aumentaba más y más su excitación, el ímpetu de sus embestidas, la dureza y el tamaño de su miembro viril. Al oír los gemidos de la mujer anunciando la inminencia de su orgasmo, no se pudo reprimir y vació en su interior los largos meses de abstinencia, quedándose tumbado sobre el cuerpo de ella, totalmente laxo y abandonado, convulsivo con cada movimiento
de David, aun en su interior.
Ella se dio la vuelta, lo abrazó, y con un dulcísimo beso le transmitió el bienestar que le embriagaba. Entre beso y beso, Olga le preguntó:
-¿Cuánto crees que tardará en hacernos efecto?
-¿En hacernos efecto que? -respondió él algo perplejo
-¡Que ha de ser, tonto, el cianuro que me hiciste poner en la cena! –dijo con una sonrisa. Abrazándose con ternura a un incrédulo impostor continuó
– Es maravilloso saber que nunca nada logrará separarnos.

© Lluís R. Villar - 11 mar 1999

Cita

"Ven a dormir conmigo: No haremos el amor, él nos hará."
JULIO CORTÁZAR

Confieso


Confieso el vértigo de leerte y sentir que tus palabras, hondas, profundas, penetran en mí como las olas bañan mi cuerpo.
Confieso, desde mi habitada soledad que no se me dan bien los acertijos y, quizás por eso, no tengo a nadie que regrese.
Confieso, desde el silencio que sólo apaga la música y el sol, que no tengo a nadie que me piense, hombre al fin que siembre semillas en mis labios.
Confieso no tener huellas que sigan mis pasos ni otras que perseguir.
Sin embargo confieso que pienso, que existo, aunque no me piensen.

© Anaís

Aquella mujer


Aquella mujer caminaba por inercia. El chico, alto y moreno, la llevaba enlazada por los hombros. Parecía ayudarla a dar sus pasos. Había mucha gente detrás, silenciosa, susurrante, respetuosa en aquella fría tarde de Diciembre.

- ¿Qué pasará detrás de esos ojos?
- Y... ¡qué más da!
Al fin y al cabo se trataba de acompañar ¿no? bien, pues ya estaba. Cumplía su ritual. Los hábitos impuestos por los siglos y las tradiciones pueblerinas. Su madre lo había obligado a asistir, tienes que ir, le había dicho, siempre se portó muy bien con nosotros, desde pequeño te ha hecho todos los análisis sin cobrarnos y además con esa su sonrisa tan característica de hombre bueno, había añadido.
- ¡Vaaaaleee!
Allí estaba. Y seguía entretenido mirando a la mujer andar por costumbre.

Desde el otro lado de los ojos, la mujer vio pasar la última película a la que había asistido. El cine era mágico. Desfilaban las historias, las imágenes, mientras trataba de acomodar su abultado cuerpo a la incomodidad de la butaca. La distraía.
Bien a las claras se deducía su gestación. Era una barriga extraña en su cuerpo delgado y huesudo. No, no era su primer hijo. El tercero.

- ¡Qué locura! ¡Con los tiempos que corren! ¡Qué barbaridad! ¡Tres hijos! bueno, pero él lo gana bien, no tendrán problemas.

Escuchaba todo el rato a su alrededor.

- Y encima... ¡otro niño! - comentaban de su puntiaguda barriga- Un despiste lo tiene cualquiera, ya se sabe, hay que dejar un rincón para el tercero, el que no te esperas, un día te distraes y ¡hala! embarazo que te pego.
Insistían las voces.
Poco sabían que era un hijo deseado.
- ¿Vas a por la niña, verdad?

Y dale... ¡qué pesadas! porque casi siempre eran mujeres las que lo decían. Los hombres miraban al suyo y sonreían primero, cómplices, para añadir

- ¡Macho, otra boca más!

Hacía 16 meses que se había hecho retirar el diu, ese aparato vaginal para evitar los embarazos.
Después de seis años decidieron ir a por el tercero. Ahí estaba, dentro de ella.

- Será futbolista, pensaba ella, eso dicen cuando se mueven tanto y dan tantas pataditas.


A los seis meses le confirmaron que era un varón.

Las imágenes continuaban rápidas. Trató de colocarse mejor, al no ser primeriza el vientre era más abultado.

Aún por la noche las imágenes... su madre y su padre, él y ella, una casa, un patio.
Su padre sostenía en brazos a un bebé, casi rubio, ojos azules, precioso.
Su madre sonreía y charlaban.
Pasaban al salón.
Justo en ese momento ella, mirando al padre notó que se iba a caer y, rápidamente, tomó al niño, apenas ocho meses, de sus brazos.
¡Qué reflejos! El hombre, fuerte y grande, se desplomaba como una pluma.
Y ahí acabó el sueño o, quizás mejor, mitad pesadilla mitad sueño.

Pensó, este niño es igualito a mi sobrino. Casi rubio, ojos azules.
Siempre le habían atraído los ojos claros, aunque no los rubios.
Despertó atosigada por lo soñado. Incómoda. Sudorosa. Le contó el sueño a su marido.
- Siempre ha sido tu sobrino favorito, no me extraña que sueñes así a nuestro hijo, fue la respuesta.

Dolores de parto. Prisas. Calor. Agobio. Comadrona malhumorada .

- ¡Mira que ponerse a parir a la una de la madrugada! observaba la partera y decía, ¡usted no está de parto!...

- ¡Vaya! y eso era una profesional... ¡cómo si fuera ella la que sentía los dolores! ¡no te fastidia!

La dejó hacer mientras observaba sus ojos cargados de sueño y el rictus amargo de su boca.

- Es que hace doblete, termina en el Materno y luego viene aquí. No se lo tengas en cuenta.

Eso decía su marido. Claro, él no era quien soportaba sus malos modos.

Box. Monitorización. Vientre duro de contracción larga.

- ¡Sí que tiene contracciones! disculpa, estabas tan tranquila...
- ¡Qué descubrimiento! A lo mejor querías unos gritos típicos de parturienta.
- No, no, mejor así. Perdóname.
Continuaba el diálogo.

La sucesión de imágenes se convirtieron en puro vértigo. Todo el mundo corría, entraban y salían en el box, observaban el monitor.
Vuelta a salir.
Ginecólogo amable.
Marido sudoroso.

- Hay que hacer cesárea, dijeron.

Las lágrimas borraron los dolores, ahora sólo veía su anterior cesárea, el primer hijo, y la anestesia en el segundo por temor a un desgarro de útero. Lo habían planificado todo, incluso la epidural para poder ver nacer a su último hijo.

Ascensor, caras de angustia, dolores ininterrumpidos.
Quirófano.
Una mano agarraba fuertemente su miedo.

Velada por la anestesia, ya en la habitación, escuchaba las voces del gine y la anestesista.
Alguien pedía a su pareja que se trasladara a Intensivos del Materno.
Nani, la anestesista, se quedó con ella. Fue su condición para dejar marchar al marido.
Oyó como ésta daba un gritito

- ¡Una cucaracha! ¡mátala! no me dejes aquí así, me da algo...
Era al médico la petición.

Silencio.

El rumor de las olas cercanas despertó el inducido sueño.
El hombre la observaba desde una distorsionada sonrisa.

- ¿Qué ha pasado? ¿Y el niño? ¿Está bien? ¿Avisaste a mis padres?
- Tranquila. El niño está en observación, mintió. Hubo un problema respiratorio pero, está bien. Tus padres ya están de camino.
- Cuéntame cómo es.
- Gordito, rubio, ojos claros...

Volvió a entrar en su somnolencia.

Ya está diciéndome boberías, fue lo último que pensó.

Caminaba por inercia, sí, la mujer.

Supo que la noche anterior, esperando la cena de navidad, había estado haciendole fotos al padre.
Sentado en su sillón de orejas, como siempre. Viendo al nieto más pequeño, de apenas ocho meses, que trataba de dar vueltas en la amplia alfombra.
Le contaron de una buena cena.
Cava y risas.
Familia.
Niños.

Fue de madrugada.
La madre llamó urgente al marido. El padre estaba muy mal.
Olía a muerte. El padre sabía su final.
- Esto se acabó, chiquita.

Eso le dijo a su hija

Fiel la mirada sobre aquella mujer. Pudo percibir como le temblaba todo el cuerpo.
Quizás era por eso que la sujetaba el hermano.

Las últimas paletadas de cemento.
Acababa el ritual.
Los últimos saludos.
Los últimos besos a aquella familia cansada, llorosa que lentamente caminaba a la ausencia seguida por las campanas, lentas y espaciadas de sonido grueso y duro.

Ella llegó a la casa familiar. Besó a su madre sin poder articular palabra.

Aún permanecía en las escaleras, en la sala, ese olor de flores. Se había llenado todo de ellas, era una muestra de cariño y recuerdo al padre.
Se recibieron muchas coronas, demasiadas, hubo que colocarlas hasta en el zaguán.
Flores de duelo.
Olor de muerte.

Se lavó las manos.
Tomó la colonia de su hijo pequeño tratando de encontrar otro aroma.
El niño, su hijo, enredaba en la alfombra con unos juguetes de goma.

- ¡Hola, mi cielo!

Aquel chiquillo de ocho meses, levantó la cabeza de pelo casi rubio y la miró desde muy atrás de sus ojos azules.

© Anaís

De mi hermano Jorge


Hola Año,

Bienvenido al planeta Tierra, bienvenido a tu tiempo.
Eres rey por un momento, por un instante, por trescientos sesenta y cinco días de nada,
2007 para los Cristianos… en otras culturas otros tantos,
A mi me tocó celebrar esta…
Escucha la música que te recibe
Disfruta el momento de tu llegada, naces entre cantos y bailes, en fiestas,
Morirás igual.
Tu reino es efímero
Pero tu poder es fuerte
Tú eres solo tiempo… sólo
Pero tu tiempo es oro
Y llegaremos a soñar en ti
Descubriremos mil momentos diferentes
Encontraremos incontables lugares mágicos
De risas incontroladas, de sollozos distinguidos.
Necesito creer en ti, saber que te viviré, que me dejarás celebrarte.
Y al final, cuando llegues a quererme, como yo a ti,
Nos despediremos en un abrazo letal
Pero solo momentáneo
Solo por un año, solo por ti.

POR TI
POR TUS DIAS
POR LA GLORIA
DE TUS MESES
DE LAS ESTACIONES
DE TU ALMA.

BIENVENIDO AL ESPACIO DE TU TIEMPO AÑO,

DOSMILSIETE

Jorge 01.01.2007

Mi familia y la percusión



Mi hermano Jorge, el de la izquierda, es un apasionado de la percusión y toca el Djembé, instrumento africano, como los ángeles.Si mi hijo Dan, justo el que está al lado, fuera su hijo no se le parecería tanto y en tantas cosas. Toca, también, el Djembé, así como otros instrumentos de percusión, muy bien y yo disfruto muchísimo escuchándolos.Hasta mi hijo pequeño Pablo le da a los bongoes estupendamente.Vaya, que cuando están en mi casa hacen ritmos con cualquier superficie dura, sea la mesa, la mampara del baño o lo que encuentren a mano.¡Menudo jolgorio!

El 23 F de 1981


SOBRE EL 23 F

Son mis recuerdos, sí, sobre una parte de la historia que viví con 30 años, allá por 1981.Mi hijo mayor había cumplido los dos añitos. Yo no trabajaba ese curso y tenía ocho meses de gestación de mi segundo hijo que nacería el 28 de Marzo. O sea que estaba con una ‘tripona de mucho cuidado’ así salió el niño de largo y gordito.Cuando me llamaron para que escuchara y viera en la tele lo que estaba sucediendo, mis ojos y mis oídos no daba crédito.

Me sentía mal, muy mal, pensaba en mis hijos y me rodaban lágrimas al creer que tenían que crecer en otra dictadura e interiormente me negaba a ello. Me rebelaba con una enorme impotencia.

La anécdota simpática la puso Manuel, mi hijo, de entonces 2 añitos, que como estábamos jugando frente al televisor, repetía muy a menudo “se sienten connio”

El padre salió de su trabajo y pasó por un cajero para tener dinero en casa y yo había pedido la compra al super para que no nos faltaran las viandas. Los del super no daban avío con tanto servicio como tenían que realizar.

¡Qué cosas llegué a pensar!

No pude descansar hasta que todo se solucionó.

Gracias a mi niño sobrellevé mejor ese día y a este, afortunadamente, mal sueño le dediqué toda la jornada.

Creo que es el día que más tele y radio he escuchado.

Y no son batallitas, sino algo muy vivido y sentido.

Comida de Navidad

Primer correo

DE: Puri Castejón
(Departamento de Recursos Humanos)
A: Todos los empleados
OBJETO: Fiesta de Navidad anual
Fecha: 1 de diciembre

Os comunico a todos, con muchísimo gusto y suficiente tiempo para que
podáis adaptar vuestros compromisos, que la fiesta de Navidad de la
Empresa tendrá lugar el 23 de diciembre y empezará a las 14:00 horas
en el restaurante "El Asador de Pedro".
El dueño "Pedro" nos ha prometido que la copa final será por cuenta de la casa. Una pequeña banda amenizará el evento con canciones navideñas tradicionales. Se hará también un pequeño concurso de villancicos con premio al mejor coro
y solista. Por tanto todo aquel que se quiera apuntar, será bienvenido.
Recordarlo bien, hay dos modalidades: solistas y coros.
El jefe tiene una importante comunicación que hacernos y aprovechará para ello esta grata ocasión.
El intercambio de regalos entre los empleados podrá llevarse a cabo a cualquier hora. Sería de desear que el precio de dichos regalos no sobrepasase los 6 euros, a fin de que éste gesto no pese en los bolsillos de nadie.
¡Feliz Navidad a todos y a vuestras respectivas familias!
Atentamente
Puri

Segundo correo

DE:
Puri Castejón (Departamento de Recursos Humanos)
A: Todos los empleados
OBJETO: Fiesta de Navidad anual. 2ª comunicación
Fecha: 2 de diciembre

De ninguna manera mi circular de ayer quería excluir a nuestros empleados judíos, que, como todos sabemos, no celebran la Navidad Cristiana. Es más, reconocemos la importancia del Hanukah, que suele coincidir normalmente con la Navidad, aunque no este año.
Lo mejor será que a partir de ahora, hablemos de la Fiesta de las
vacaciones de diciembre.
Por ello no se cantarán villancicos y se dispondrá de otro tipo de música para amenizar la fiesta.
Atentamente
Puri

Tercer correo

DE: Puri Castejón (Departamento de Recursos Humanos)
A: Todos los empleados
OBJETO: Fiesta de Navidad anual. 3ª comunicación
Fecha: 3 de diciembre

Con referencia a la nota del miembro de Alcohólicos Anónimos, recibida ayer a última hora en este departamento, en la que se solicita la instalación de una mesa donde no se beba, éste departamento tiene la obligación de comunicar
al remitente de la misma que la Dirección de la Empresa está estudiando si
debe o no considerarlo, ya que se trata de un anónimo, pues el autor ha omitido identificarse. No obstante la Dirección ha dejado en mis manos este asunto y, por lo que a mi respecta, no tengo inconveniente,
estaré encantada en poder satisfacer la mencionada petición.
Ahora bien, si reservo una mesa con un cartel tipo "Reserva para A.A.", el anónimo secreto pasará a ser una pregonada revelación pública. Por tanto,
creo justo determinar la estupidez de tal petición y recomendar al implicado
o implicados que, simplemente, se abstengan de beber.
Por otro lado, lamento comunicar a todos los empleados que queda abolido y
terminantemente prohibido el intercambio de regalos, ya que los compañeros del Comité de Empresa han acordado que 6 euros es demasiado
dinero y, en cambio, los ejecutivos y directivos piensan que esa cantidad es miserable (textualmente, "una mierda") para poder hacer un regalo en condiciones.
Atentamente
Puri.

Cuarto correo

DE:
Puri Castejón (Departamento de Recursos Humanos)
A: Todos los empleados
OBJETO: Fiesta de Navidad anual. 4ª comunicación
Fecha: 7 de diciembre

¡Da gusto trabajar en una Empresa tan variopinta¡
¡Quién me iba a decir a mí, este año, que el Ramadán comienza el 20 de diciembre¡
No tenía ni pajolera idea; y esto, la verdad, anímicamente, me afecta muchísimo, porque hasta he llegado a pensar qué pinto yo en el Departamento de Recursos Humanos si no sé cuando empieza cada año el Ramadán, que es el mes del calendario musulmán en el que está prohibido comer o beber mientras haya luz del día.
Este hecho complica mucho la fiesta, porque somos conscientes de
cuánto una comida de empresa puede herir la sensibilidad de nuestros
empleados musulmanes. Quizá el "Asador de Pedro" pueda esperar a
servir los platos al final de la fiesta; total, en ésta época del año, los días son muy cortos y no creo yo que les cause excesivo trastorno esperar a servir la comida a la hora de la cena.
En tanto estudiamos las posibles alternativas, se informa a todos los compañeros trabajadores de que, sin intención discriminatoria, los obesos se
colocarán en los sitios más alejados de donde estén los dulces,
las embarazadas cerca de los lavabos, los homosexuales podrán estar juntos
en la misma mesa o compartir mesa con compañeros heterosexuales si así
lo desean, las lesbianas no estarán obligadas a sentarse con los gays, ya que dispondrán de mesas suficientes para ellas solas. Los 5 trabajadores que han comunicado al departamento que son travestidos podrán acudir a la fiesta con la ropa que estimen más oportuna siempre que no lo hagan de drag-queens, en aras a cuidar la imagen de ésta Empresa centenaria.
Los que estén a dieta deberán entregar al Departamento de RRHH, al menos con 6 días de antelación, una lista de los alimentos prohibidos
Atentamente
Puri.

Quinto correo

DE: Puri Castejón (Departamento de Recursos Humanos)
A: Todos los empleados
OBJETO: Fiesta de Navidad anual. 5ª comunicación
Fecha: 9 de diciembre

Os ruego tener un poquito más de espíritu festivo, por favor.
Aprovecho ésta oportunidad para notificaros que la Empresa a la vista de ciertas actitudes, ha cambiado de idea, y ya no hará ninguna comunicación importante durante la fiesta. La misma será notificada por correo certificado, a los respectivos domicilios de los empleados.
Atentamente,
Puri

Sexto correo

DE: Puri Castejón (Departamento de Recursos Humanos)
A: Todos los empleados
OBJETO: La Puta Fiesta de Navidad anual. 6ª comunicación
Fecha: 11 de diciembre

PUES NO,.NO TENGO NI PUTA IDEA DE LO QUE OS VAN A COMUNICAR POR CORREO CERTIFICADO, Y ME IMPORTA TRES HUEVOS DE PATO LO QUE OS DIGAN.
ADEMÁS, QUEDA CLARO QUE, AL QUE SE LE OCURRA CAMBIAR DE DIRECCIÓN EN ESTOS DÍAS, LO RAJO PERSONALMENTE.
¡EFECTIVAMENTE, HE PENSADO EN LOS VEGETARIANOS!¡ ¡COMO NO IBA A PENSAR EN ELLOS¡ Y, ENTRE UN BUEN NABO O UN PEPINO ENORME,
QUE VAYAN ELIGIENDO LO QUE SE VAN A METER ESE DÍA POR EL CULO.
¡YA OS HE DICHO MIL VECES QUE LA FIESTA SE HARÁ EN EL "ASADOR DE PEDRO"!, POR TANTO, HABRÁ CARNE... MUCHA CARNE; Y AL QUE NO LE GUSTE QUE SE JODA.
ESPERANDO QUE TENGÁIS LAS FIESTAS DE NAVIDAD Y FIN DE AÑO MÁS
DESAGRADABLES DE VUESTRAS VIDAS, OS ODIA A MUERTE.
PURI

Último correo
DE: Anselmo Donosorro (Director de RRHH)
A:
Todos los empleados
OBJETO: Puri Castejón y Fiesta de Navidad anual.
Comunicación Final
Fecha: 18 de diciembre

Como todos ustedes saben, el estrés ha minado la lúcida salud de Puri, hecho que anteayer motivó su ingreso urgente en el sanatorio para enfermos mentales "Virgen de la Cabeza".
Por tal motivo y dadas las circunstancias, imagino que entenderán que es obligación de este Departamento suspender la fiesta que ella, organizaba, año tras año, con autentica entrega, maestría y exquisito esmero.

Un saludo
Anselmo D.

Anónimo