lunes, 4 de junio de 2007

¡Increíble!


Cuando vi este vídeo me quedé totalmente sorprendida ¡no me lo podía creer! y tuve que mirarlo varias veces para fijarme bien a ver si tenía truco. Yo no se lo encontré, pero a lo mejor alguien lo ve.
Simplemente lo bservo desde la perspectiva del afán de superación y una habilidad alucinante.

Soneto


No te quiero sino porque te quiero
y de quererte a no quererte llego
y de esperarte cuando no te espero
pasa mi corazón del frío al fuego.
Te quiero sólo porque a ti te quiero,
te odio sin fin, y odiándote te ruego,
y la medida de mi amor viajero
es no verte y amarte como un ciego.
Tal vez consumirá la luz de enero,
su rayo cruel, mi corazón entero,
robándome la llave del sosiego.
En esta historia sólo yo me muero
y moriré de amor porque te quiero,
porque te quiero, amor, a sangre y fuego.

PABLO NERUDA
CIEN SONETOS DE AMOR

Amor


Te quiero,
no sólo por lo que eres,
sino por lo que soy
cuando estoy contigo.

Te quiero,
no sólo por lo que has hecho de ti,
sino por lo que está haciendo de mí.

Te quiero,
por poner tu mano
en mi corazón colmado,
y pasar por alto
todas las cosas débiles, tontas,
que eran inevitables
ver allí.

Te quiero
porque tú me estás ayudando a hacer
de la manera de mi vida
no una taberna,
sino un templo,
de todos los días,
no un reproche,
sino una canción.

Te quiero
porque has conseguido
lo que nadie
pudo haber hecho
para hacerme bueno,
y que ningún destino
pudo haber hecho
para hacerme feliz
Tú lo has hecho,
sin un toque,
sin una palabra,
sin una señal.

ROY CROFT
1907-1973

Música de fondo


Llega el momento de decir la palabra
y se la deja fluir, se la ayuda
a resbalar entre los labios,
anclada ya en sus límites de tiempo.
La palabra se funda a ella misma, suena
allá en el corazón del que la habla
y trepa poco a poco hasta nacer
y antes es nada y sólo una verdad
la hace constancia de algo irrepetible.

Súbitamente esa palabra aumenta
el hallazgo caudal de la memoria,
boga sobre los hombres que la escuchan,
gira anhelante entre vislumbres
y se alza más y más y se perfila, pule
sus bordes balbucidos, se nivela entre sueños.

Después inicia su holocausto.
Función de amor o de vileza,
la palabra se gasta en los oídos,
puebla sus márgenes de brozas,
se torna vana, amago de un aliento,
oscuridad final y sin sentido.
Está cayendo ya hecha pedazos.
Rescoldos sumergidos, restos
de rescates sin fondo, flota y flota
sobre las intenciones proferidas,
entre el silencio de las conjeturas.

Es nada la palabra que se dijo
(no importa que se escriba para
querer salvarla), es nada y lo fue todo:
la música del mundo y su apariencia.

J. M. CABALLERO BONALD
Memorias de poco tiempo 1954