
Silencio
de malvas
de ciprés altivo.
de brillante día
en sol incorrecto.
intolerante
cautivo
sembrado
en terreno baldío.
Silencio
en llamas
volcán montaña
sin sueño
ensombrecido.
alzado
contra las voces
desgarrado a gritos.
en sangre
abisal
Marzo 99

Intuidos apenasen puntos digitales,píxeles y ficheros impertérritosque nada sabende esos que tu vozdibuja color caoba al otro ladode la frontera de un sueño,hilos telefónicos aproximandoel tibio lazo de un tiempoque estuvo siempre por venir. Yo insisto,contra el frío resplandorde una pantalla en llamas,que es lícito buscartemás allá de la razón,en la penumbra de lo imposible,oliendo en tus palabrasel sabor de una pielfurtiva al rigorde convenciones impuestas. "Qué ganas tengo de verte"goteas en susurrosdesde el auricular de un teléfono amigoque aprendió tu nombre en el primer instante. Y descubro que querertecruzó el limite de lo probablecuando la mano expertaen espejos solitariosse muestra incapaz sobre una pieldominio exclusivo de tu ternura. © Lluís Villar 1999 05-03-1964 31-12-2002 Un hombre llega a casa del trabajo y encuentra a sus tres hijos en el
jardín aún con los pijamas puestos jugando en el barro, con cajas de
comida vacías y los envoltorios de éstas esparcidos por todo el jardín.
La puerta del coche de su mujer estaba abierta, así como la puerta
de entrada de la casa y no había señales del perro.
Cuando entró encontró aún mayor desorden. Una lámpara caída en el
suelo y la alfombra estaba arrugada contra la pared.
En el salón la televisión estaba a todo volumen con un canal de
dibujos animados y la salita de estar estaba cubierta de juguetes y
ropa.
En la cocina la pila estaba llena de cacharros, el desayuno
derramado por la encimera, la puerta del frigorífico abierta de par
en par, la comida del perro tirada por el suelo, un vaso roto debajo
de la mesa y un pequeño montón de arena detrás de la puerta.
Inmediatamente subió las escaleras sorteando todos los juguetes y más pilas de ropa buscando a su mujer preocupado por si estaba enferma o la había ocurrido algo serio.
De camino a la habitación, vio como corría el agua por debajo de la
puerta del cuarto de baño y cuando entró las toallas empapadas espuma y más juguetes por el suelo, kilómetros de papel higiénico amontonado y, pasta de dientes untada por el espejo y las paredes.
Entró corriendo en el dormitorio y encontró a su mujer acurrucada en
la cama, en pijama y leyendo una novela.
Ella lo miró, le sonrió y le pregunto que tal le había ido el día.
Él la miró furioso y le preguntó
- ¿Qué ha pasado hoy aquí?.
- ¿sabes cuando vuelves todos los días del trabajo y me preguntas ¿por Dios, qué coño es lo que haces todo el día?
- Si, contestó él incrédulo.
Entonces ella dijo:
- PUES HOY NO LO HICE.