miércoles, 25 de junio de 2008

Silencio sísmico


Silencio
de malvas
de ciprés altivo.

Silencio
de brillante día
en sol incorrecto.

Silencio
intolerante
cautivo
sembrado
en terreno baldío.


Silencio
en llamas
volcán montaña
sin sueño
ensombrecido.

Silencio
alzado
contra las voces
desgarrado a gritos.

Silencio
en sangre
abisal

Silencio sísmico.

© AIHG
Marzo 99


Los ojos de tu voz


Intuidos apenas
en puntos digitales,
píxeles y ficheros impertérritos
que nada saben
de esos que tu voz
dibuja color caoba al otro lado
de la frontera de un sueño,
hilos telefónicos aproximando
el tibio lazo de un tiempo
que estuvo siempre por venir.
 
Yo insisto,
contra el frío resplandor
de una pantalla en llamas,
que es lícito buscarte
más allá de la razón,
en la penumbra de lo imposible,
oliendo en tus palabras
el sabor de una piel
furtiva al rigor
de convenciones impuestas.
 
"Qué ganas tengo de verte"
goteas en susurros
desde el auricular de un teléfono amigo
que aprendió tu nombre en el primer instante.
 
Y descubro que quererte
cruzó el limite de lo probable
cuando la mano experta
en espejos solitarios
se muestra incapaz sobre una piel
dominio exclusivo de tu ternura.
 © Lluís Villar 1999
                                                      05-03-1964
           31-12-2002



Un hombre después del trabajo...

Un hombre llega a casa del trabajo y encuentra a sus tres hijos en el
jardín aún con los pijamas puestos jugando en el barro, con cajas de
comida vacías y los envoltorios de éstas esparcidos por todo el jardín.

La puerta del coche de su mujer estaba abierta, así como la puerta
de entrada de la casa y no había señales del perro.

Cuando entró encontró aún mayor desorden. Una lámpara caída en el
suelo y la alfombra estaba arrugada contra la pared.
En el salón la televisión estaba a todo volumen con un canal de
dibujos animados y la salita de estar estaba cubierta de juguetes y
ropa.

En la cocina la pila estaba llena de cacharros, el desayuno
derramado por la encimera, la puerta del frigorífico abierta de par
en par, la comida del perro tirada por el suelo, un vaso roto debajo
de la mesa y un pequeño montón de arena detrás de la puerta.

Inmediatamente subió las escaleras sorteando todos los juguetes y más pilas de ropa buscando a su mujer preocupado por si estaba enferma o la había ocurrido algo serio.

De camino a la habitación, vio como corría el agua por debajo de la
puerta del cuarto de baño y cuando entró las toallas empapadas espuma y más juguetes por el suelo, kilómetros de papel higiénico amontonado y, pasta de dientes untada por el espejo y las paredes.

Entró corriendo en el dormitorio y encontró a su mujer acurrucada en
la cama, en pijama y leyendo una novela.
Ella lo miró, le sonrió y le pregunto que tal le había ido el día.
Él la miró furioso y le preguntó

- ¿Qué ha pasado hoy aquí?.

Ella volvió a sonreír y contestó:

- ¿sabes cuando vuelves todos los días del trabajo y me preguntas ¿por Dios, qué coño es lo que haces todo el día?

- Si, contestó él incrédulo.

Entonces ella dijo:
- PUES HOY NO LO HICE.