
No entres tranquilo en esa buena noche,
La vejez debería arder y renegar del final del día,
¡rabia, rabia contra la muerte de la luz!
Aunque los hombres sabios en su final saben que la oscuridad es lo correcto
porqué sus palabras no forjaron ninguna luz, ellos
no entran tranquilos en esa buena noche.
Hombres buenos, las últimas oleadas, llorando por cuán brillantes
sus frágiles obras podrían haber bailado en una bahía verde,
¡rabia, rabia contra la muerte de la luz!
Hombres salvajes que cogieron el sol y le cantaron mientras volaban
y aprenden, demasiado tarde, que de este modo le ofendían,
no entran tranquilos en esa buena noche.
Hombres solemnes, cerca de la muerte, que ven con vista cegada
ojos ciegos que podrían irradiarse como meteoritos y ser alegres,
¡rabia, rabia contra la muerte de la luz!
Y tú, mi padre, allí en la triste altura,
maldice, bendíceme ahora con tus lágrimas feroces, te ruego.
No entres tranquilo en esa buena noche.
¡Rabia, rabia contra la muerte de la luz!
DYLAN THOMAS
Traducido por Fermín Villar